miércoles, 8 de mayo de 2013

Reseña capítulos 7, 8, 9 y 10 ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?



Cuanto más inteligente
sea el ordenador,
más tonto será el usuario

La red y yo, íntimos amigos

            Está claro que hoy en día no tenemos pensamientos profundos ya que estamos todo el día navegando a unas velocidades que no fueron imaginadas. Nuestra lectura lineal y entregada con los libros ya no existe, por el contrario, nos encontramos todo el día dando clics en links, resumiendo informaciones y cuando por alguna razón en una clase nos ponen a leer un libro, o un texto que tenga poca emoción, nos da ganas de sentarnos a llorar. Nos gusta la red, es más, nos encanta, trabaja como nuestro sistema nervioso central, estímulo-respuesta, es fascinante, es fácil, es entretenido, es todo lo que necesitamos.

Pero, ¿qué es lo que se ve? “Lo que se ve es una mente consumida por un medio. Cuando estamos online,  a menudo nos mostramos ajenos a todo cuando acontece en nuestro derredor. El mundo real retrocede mientras procesamos el flujo de símbolos provenientes de nuestros dispositivos” (Carr, 2010, pág. 146). Me acuerdo cuando me regalaron el primer Blackberry, fue tan emocionante pero al mismo tiempo tan miedoso, veía a todos mis amigos conectados, escribiendo con los demás sin necesidad de gastar minutos o mensajes de texto, era fabuloso, pero algo me decía que no estaba bien.  Cuando entré a esa moda, me distancié un poco de lo que pasaba a mí alrededor, mis papás me hablaban y yo flotaba en otras nubes, pensando en quien sabe qué. Lo mismo pasaba cuando viajábamos en carro, me conectaba al iPad y me perdía de todas las historias que mis papás me contaban acerca de las carreteras y los paisajes. Hoy en día es peor, nos vemos sujetos a todo tipo de aparatos electrónicos que la verdad no nos damos cuenta de lo que pasa justo al frente de nuestras narices. El miedo de sumergirse en algo se pierde apenas se hace, pero ahora con este libro de Carr, me doy cuenta de que ese miedo nunca se ha ido, siempre ha estado ahí, pero lo he sabido esconder bastantes años; ¿qué tecnología sigue ahora?, no será la del video visto en clase “el nuevo renacimiento”, donde creamos unas máquinas capaces de destrozarnos, o ¿será algo peor?

Me da ganas de desaparecerme, y la mejor manera de hacerlo es tan fácil, es apagar el celular y cerrar Facebook. Hoy en día es tan fácil estar conectado por medio de las redes sociales, que el que no se encuentre en estas, “es porque no existe”. ¿Cuál es el afán de saber por los demás?, ¿no es nuestra vida suficiente? Estamos todo el día pendiente de qué dicen los demás, dónde están ellos, qué están haciendo, que se nos está olvidando vivir nuestra propia vida; como lo hemos venido viendo, nuestro cerebro se adapta y cambia tan fácilmente, que pronto nos estaremos olvidando de nosotros mismos para vivir la vida de los demás. La verdad es que no me puedo desconectar, me identifico con Carr ahí, no dejo de mirar mi celular a ver si alguien me ha hablado y si me han respondido correos; así Facebook sea como una nevera vacía, que uno la abre a cada rato pero sabe que no va a haber nada nuevo, no soy capaz, en un medio de comunicación tan importante para mí, sin él probablemente no sabría nada de lo que está pasando con las personas que me rodean. Estamos megaconectados y es una realidad que aunque debe cambiar, está presente y muchos de nosotros no lo aceptamos.

No todo lo pasado fue mejor, ni todo lo que viene va a ser mejor; cuando introducen una nueva tecnología no se miran las futuras consecuencias de las misma –caso del hipervínculo− y eso es lo que deberíamos hacer, pensar sobre el futuro que acarrea al manejar cualquier tipo de tecnología, de verdad concientizarnos y pensar si queremos dejarnos manipular por factores que no tienen ni vida, ni corazón.

Cuando empezó la red, no pensamos que iba a causar nada malo en nosotros, al contrario, iba a mejorar nuestras capacidades, pero lastimosamente eso no es lo que ha pasado. Nuestra forma de leer cambió, nuestros pensamientos cambiaron, nuestra vida y la de todo el mundo se vio transformada por una tecnología tan inocente como peligrosa.

“Si no sabes algo, pregúntaselo al Sr. Google”, dice mi mamá, antes era, “si no sabes algo, búscalo en el diccionario o en la encarta”. Los tiempos cambian y no me quiero imaginar lo que dicen las madres hoy en día acerca de las tareas de sus hijos. Google es un imperio que tiene todo fríamente calculado, prácticamente quieren que corramos por medio de sus links, que no nos detengamos en ningún lugar, que seamos tan rápidos como ellos a la hora de subir información “With Google I’m starting to burn out on knowing the answer to everything. People in the year 2020 are going to be nostalgic for the sensation of feeling clueless” –Con google me estoy empezando a consumir por saber la respuesta a todo. Las personas en el 2020 van a estar nostálgicas por no saber nada− (Coupland)

“La iglesia de Google”, así se llama el octavo capítulo del libro de Nicholas Carr, al referirse a iglesia está dando mucho sentido a lo que hace esta empresa, Google es nuestro santuario,  nuestra “salvación”. Google cambia día a día, inventa nuevas formas de mantenernos conectados, compró YouTube, tiene una red social, nos da la posibilidad de dejar nuestros archivos en la nube, tantas posibilidades que la verdad se está convirtiendo en un Dios. Pero como lo dije anteriormente, esta red crece y crece, pero, ¿se está pensando en las consecuencias de la misma? Toda esa sobrecarga de información, todos esos cambios en nuestros cerebros, ¿harán de nosotros mejores personas? Nos creemos máquinas, estamos hipnotizados frente a un gran ojo capaz de ver todo, no sería raro pensar que nos vamos a convertir en la aldea que hace Aldous Huxley en su libro Un mundo feliz, o volviéndonos como una modernidad líquida (Zygmunt Bauman) que no está en ningún lugar y al mismo tiempo en todos.

“Y gracias una vez más a la plasticidad de nuestras vías neuronales, cuanto más usemos la Web, más entrenamos nuestro cerebro para distraer, para procesar la información muy rápidamente y de manera muy eficiente, pero sin atención sostenida” (Carr, 2010, pág. 235). Puede que lo que Internet está haciendo con nuestras mentes es moldearla, con unas lógicas diferentes a las que veníamos teniendo. Puede que el Internet sea lo que fue la imprenta un día, una tecnología capaz de cambiar las formas de pensamiento, concentración y de convivencia.

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