“Cuanto más inteligente
sea
el ordenador,
más
tonto será el usuario”
La
red y yo, íntimos amigos
Está claro que hoy en día no tenemos
pensamientos profundos ya que estamos todo el día navegando a unas velocidades
que no fueron imaginadas. Nuestra lectura lineal y entregada con los libros ya
no existe, por el contrario, nos encontramos todo el día dando clics en links, resumiendo informaciones y
cuando por alguna razón en una clase nos ponen a leer un libro, o un texto que
tenga poca emoción, nos da ganas de sentarnos a llorar. Nos gusta la red, es
más, nos encanta, trabaja como nuestro sistema nervioso central,
estímulo-respuesta, es fascinante, es fácil, es entretenido, es todo lo que
necesitamos.
Pero,
¿qué es lo que se ve? “Lo que se ve es una mente consumida por un medio. Cuando
estamos online, a menudo nos mostramos ajenos a todo cuando
acontece en nuestro derredor. El mundo real retrocede mientras procesamos el
flujo de símbolos provenientes de nuestros dispositivos” (Carr, 2010, pág. 146) . Me acuerdo cuando
me regalaron el primer Blackberry, fue
tan emocionante pero al mismo tiempo tan miedoso, veía a todos mis amigos
conectados, escribiendo con los demás sin necesidad de gastar minutos o
mensajes de texto, era fabuloso, pero algo me decía que no estaba bien. Cuando entré a esa moda, me distancié un poco
de lo que pasaba a mí alrededor, mis papás me hablaban y yo flotaba en otras
nubes, pensando en quien sabe qué. Lo mismo pasaba cuando viajábamos en carro,
me conectaba al iPad y me perdía de todas las historias que mis papás me
contaban acerca de las carreteras y los paisajes. Hoy en día es peor, nos vemos
sujetos a todo tipo de aparatos electrónicos que la verdad no nos damos cuenta
de lo que pasa justo al frente de nuestras narices. El miedo de sumergirse en
algo se pierde apenas se hace, pero ahora con este libro de Carr, me doy cuenta
de que ese miedo nunca se ha ido, siempre ha estado ahí, pero lo he sabido
esconder bastantes años; ¿qué tecnología sigue ahora?, no será la del video
visto en clase “el nuevo renacimiento”, donde
creamos unas máquinas capaces de destrozarnos, o ¿será algo peor?
Me
da ganas de desaparecerme, y la mejor manera de hacerlo es tan fácil, es apagar
el celular y cerrar Facebook. Hoy en
día es tan fácil estar conectado por medio de las redes sociales, que el que no
se encuentre en estas, “es porque no existe”. ¿Cuál es el afán de saber por los
demás?, ¿no es nuestra vida suficiente? Estamos todo el día pendiente de qué
dicen los demás, dónde están ellos, qué están haciendo, que se nos está
olvidando vivir nuestra propia vida; como lo hemos venido viendo, nuestro
cerebro se adapta y cambia tan fácilmente, que pronto nos estaremos olvidando
de nosotros mismos para vivir la vida de los demás. La verdad es que no me
puedo desconectar, me identifico con Carr ahí, no dejo de mirar mi celular a
ver si alguien me ha hablado y si me han respondido correos; así Facebook sea como una nevera vacía, que
uno la abre a cada rato pero sabe que no va a haber nada nuevo, no soy capaz,
en un medio de comunicación tan importante para mí, sin él probablemente no sabría
nada de lo que está pasando con las personas que me rodean. Estamos
megaconectados y es una realidad que aunque debe cambiar, está presente y
muchos de nosotros no lo aceptamos.
No
todo lo pasado fue mejor, ni todo lo que viene va a ser mejor; cuando
introducen una nueva tecnología no se miran las futuras consecuencias de las
misma –caso del hipervínculo− y eso es lo que deberíamos hacer, pensar sobre el
futuro que acarrea al manejar cualquier tipo de tecnología, de verdad
concientizarnos y pensar si queremos dejarnos manipular por factores que no
tienen ni vida, ni corazón.
Cuando
empezó la red, no pensamos que iba a causar nada malo en nosotros, al
contrario, iba a mejorar nuestras capacidades, pero lastimosamente eso no es lo
que ha pasado. Nuestra forma de leer cambió, nuestros pensamientos cambiaron,
nuestra vida y la de todo el mundo se vio transformada por una tecnología tan
inocente como peligrosa.
“Si
no sabes algo, pregúntaselo al Sr. Google”, dice mi mamá, antes era, “si no
sabes algo, búscalo en el diccionario o en la encarta”. Los tiempos cambian y
no me quiero imaginar lo que dicen las madres hoy en día acerca de las tareas
de sus hijos. Google es un imperio que tiene todo fríamente calculado,
prácticamente quieren que corramos por medio de sus links, que no nos
detengamos en ningún lugar, que seamos tan rápidos como ellos a la hora de
subir información “With Google I’m starting to burn out on knowing the answer
to everything. People in the
year 2020 are going to be nostalgic for the sensation of feeling clueless” –Con
google me estoy empezando a consumir por saber la respuesta a todo. Las
personas en el 2020 van a estar nostálgicas por no saber nada− (Coupland) .
“La iglesia de Google”, así
se llama el octavo capítulo del libro de Nicholas Carr, al referirse a iglesia
está dando mucho sentido a lo que hace esta empresa, Google es nuestro
santuario, nuestra “salvación”. Google
cambia día a día, inventa nuevas formas de mantenernos conectados, compró YouTube, tiene una red social, nos da la
posibilidad de dejar nuestros archivos en la nube, tantas posibilidades que la
verdad se está convirtiendo en un Dios. Pero como lo dije anteriormente, esta
red crece y crece, pero, ¿se está pensando en las consecuencias de la misma?
Toda esa sobrecarga de información, todos esos cambios en nuestros cerebros, ¿harán
de nosotros mejores personas? Nos creemos máquinas, estamos hipnotizados frente
a un gran ojo capaz de ver todo, no sería raro pensar que nos vamos a convertir
en la aldea que hace Aldous Huxley en su libro Un mundo feliz, o volviéndonos como una modernidad líquida (Zygmunt Bauman) que no está en ningún lugar y
al mismo tiempo en todos.
“Y
gracias una vez más a la plasticidad de nuestras vías neuronales, cuanto más
usemos la Web, más entrenamos nuestro cerebro para distraer, para procesar la
información muy rápidamente y de manera muy eficiente, pero sin atención
sostenida” (Carr, 2010, pág. 235) . Puede que lo que
Internet está haciendo con nuestras mentes es moldearla, con unas lógicas
diferentes a las que veníamos teniendo. Puede que el Internet sea lo que fue la
imprenta un día, una tecnología capaz de cambiar las formas de pensamiento,
concentración y de convivencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario